Este tormentoso jueves 16 de abril, las Madres de Plaza de Mayo volvieron a la Plaza con la fuerza de siempre para realizar la Marcha de los Jueves N° 2505. En el marco de los 49 años de lucha ininterrumpida, la jornada reunió a la militancia junto a Demetrio Iramain y al periodista especializado en geopolítica Gabriel Wainstein, en una Plaza atravesada por tensiones pero también por la persistencia de la lucha de los 30 mil hijos e hijas de las Madres. El cierre estuvo en manos de las Madres Carmen Arias y “Pina” de Fiore, quienes sostuvieron, una vez más, esa presencia que no se negocia ni se interrumpe.
En primer término, Demetrio tomó la palabra y marcó el pulso político de la jornada con una intervención extensa, cargada de definiciones y denuncias. “Esta es la marcha 2505 de los jueves de las Madres de Plaza de Mayo, y seguiremos aquí, pase lo que pase”, afirmó, subrayando la continuidad de una lucha que este mes cumple 49 años y que, lejos de agotarse, se reafirma en cada jueves. En el mismo tono, remarcó que la Plaza no es un escenario neutro: “La Plaza es de las Madres”, dijo, en referencia a las estructuras montadas para un evento en supuesto homenaje al Papa Francisco que interfirieron con el desarrollo de la Marcha. Si bien permitió que se realizara el recorrido, cuestionó la falta de respeto y fue contundente: “El mejor homenaje al Papa Francisco es dejar marchar a las Madres tranquilas”, recordando además el vínculo del Papa con nuestra compañera eterna Hebe de Bonafini y la lucha histórica de la Asociación.
Con el mismo ímpetu, el referente también abordó un clima social que definió como “opresivo y dramático”, haciendo foco en una serie de amenazas de tiroteos aparecidas en más de diez escuelas del país. Sin caer en especulaciones, advirtió sobre la gravedad del fenómeno y sus consecuencias: estudiantes que asisten con miedo, comunidades educativas en alerta y un sistema que, lejos de contener, muchas veces desalienta la organización estudiantil. “¿Qué está pasando para que jóvenes lleguen a estos extremos?”, se preguntó, poniendo el acento en la responsabilidad social y política frente a un escenario que golpea de lleno al presente, no a un futuro abstracto.
En el mismo tono, Iramain recuperó una de las claves históricas del movimiento de las Madres: la construcción de la esperanza como herramienta política. Recordó cómo, frente a cada contexto adverso, supieron ir a contramano: cuando buscar a los desaparecidos parecía imposible, cuando reivindicar al Che era impensado, cuando hablar de socialismo resultaba marginal o cuando el país se desmoronaba y aun así impulsaron la creación de la universidad. “La esperanza no es solo una opción política, es una manera de vivir”, sintetizó Demetrio.
Hacia el final, el mensaje se volvió más directo sobre la coyuntura actual. Iramain llamó a dejar de lado las disputas internas y a construir una unidad real que permita enfrentar el escenario político con un candidato firme como el gobernador Axel Kicillof. En el mismo tono, advirtió que, de no lograrse ese camino, el país puede derivar en un “desastre”, profundizando un rumbo que ya muestra sus consecuencias. “Si no tenemos esperanza, no hay país posible”, insistió, y no lo planteó como una consigna vacía, sino como una definición política concreta: organizarse, convencerse y construir poder popular capaz no solo de ganar elecciones, sino de gobernar dando respuestas a las mayorías.
Con el mismo ímpetu, volvió a ubicar a las Madres de Plaza de Mayo como referencia ineludible para ese camino. “Son nuestra luz, nuestra guía y nuestra ideología”, afirmó, retomando una tradición que no se limita al pasado, sino que sigue marcando el presente. Así, dejó planteado que no alcanza con la memoria como recuerdo: es necesario asumirla como práctica política activa, como hoja de ruta para enfrentar un tiempo que exige claridad, compromiso y organización.
Acto seguido, tomó la palabra Mónica Sánchez, integrante de la comunidad educativa de la Escuela Nº 26 D.E. 6° “República de Colombia”, quien agradeció a las Madres por el espacio y utilizó la Plaza para denunciar un hecho que definió sin rodeos como un ataque a la memoria. En el mismo tono, relató que una cuadrilla del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires borró los pañuelos pintados por los propios estudiantes en la vereda de la escuela, en la previa de una visita de la ministra de Educación, Mercedes Miguel. “Lo vimos como un acto violento contra los niños”, sostuvo, al remarcar que habían sido ellos quienes “pintaron, pusieron las manitos y escribieron ‘NUNCA MÁS’”, en una actividad construida colectivamente con docentes y familias del barrio.
Más adelante, Sánchez explicó que la intervención no solo arrasó con una expresión simbólica, sino también con un proceso pedagógico y comunitario: una jornada donde se trabajó la memoria desde la participación de los más chicos. Sin embargo, lejos de quedar paralizados, destacó la reacción inmediata de la comunidad: realizaron la denuncia, difundieron un comunicado y convocaron a una nueva jornada de repintada. “Aunque nos borren, vamos a volver a florecer una y mil veces, no van a poder”, afirmó con firmeza. Así, dejó planteada una certeza que atraviesa generaciones: frente a cada intento de borrar la historia, la respuesta será más organización, más memoria y más lucha colectiva.
Luego, fue el turno de escuchar al periodista especializado en geopolítica Gabriel Wainstein, quien llevó a la Plaza una lectura internacional atravesada por la memoria y el presente. “Es una emoción muy grande estar acá, en esta plaza del coraje, del reclamo de memoria, verdad y justicia”, comenzó, y no dudó en inscribir su intervención en la historia viva de las Madres: “el más grande ejemplo de valentía de la Argentina”, dijo, recordando también a Hebe. En el mismo tono, señaló que su presencia allí también respondía a una historia personal y colectiva: la de los 108 compañeros desaparecidos del Colegio Nacional de Buenos Aires en la dictadura.
Más adelante, Wainstein se adentró en el eje central de su exposición: el conflicto internacional desatado a partir de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Según planteó, lejos de tratarse únicamente de una disputa por recursos como el petróleo, lo que está en juego es un reordenamiento global más profundo: el pasaje de un mundo unipolar, dominado por Estados Unidos, hacia uno multipolar donde emergen nuevos actores. En ese sentido, sostuvo que el ataque a Irán debe leerse como un intento de frenar el crecimiento del llamado “sur global”, así como también como parte de una política sistemática de Israel para desestabilizar a los países de la región, en continuidad con el genocidio contra el pueblo palestino.
Con el mismo ímpetu, explicó por qué, contra muchos pronósticos, Irán logró resistir esa ofensiva. No solo por su capacidad militar, sino por factores históricos, culturales y políticos que fortalecen su cohesión interna. “Una guerra no se gana solo con armamento”, señaló, y destacó el rol de la conciencia de pueblo, forjada en una historia milenaria y en una identidad común que, según describió, se expresó incluso ante amenazas extremas: millones de iraníes movilizados para defender su territorio frente a la posibilidad de un ataque nuclear. A eso sumó una estrategia militar “muy pensada”, basada en el desarrollo de tecnología accesible —como drones de bajo costo— y en avances como los misiles hipersónicos, que desbalancearon la ecuación frente a potencias con presupuestos infinitamente superiores.
En el mismo tono, Wainstein apuntó contra el modelo militar estadounidense, atravesado —según definió— por la lógica del lucro. “La peor arma que desarrollaron es el neoliberalismo”, afirmó, al señalar que la industria armamentística responde a intereses privados antes que a una planificación estatal efectiva. Fue allí donde lanzó una de las frases más crudas de la jornada, al relatar el caso del portaaviones más moderno de Estados Unidos, con fallas estructurales insólitas: “literalmente se cagan encima”, dijo sobre sus tripulantes, sintetizando en esa imagen la decadencia de una potencia que, pese a su poderío, muestra fisuras profundas.
Hacia el final, el análisis se trasladó al plano local. Wainstein vinculó estas dinámicas globales con lo que definió como formas de “guerra híbrida” que también impactaron en la Argentina: operaciones mediáticas, judiciales —que conocemos como lawfare—, económicas y de inteligencia que, según planteó, condicionaron los procesos políticos recientes. En ese marco, mencionó casos concretos como las campañas en redes mediante ingeniería social —entre ellas la intervención de Cambridge Analytica—, los cacerolazos por el dólar y las movilizaciones tras la muerte de Nisman, como ejemplos de fenómenos amplificados o direccionados.
En ese sentido, llamó a extraer lecciones de la experiencia iraní: la necesidad de construir una estrategia de defensa propia, fortalecer la organización popular “por abajo” y avanzar en la unidad latinoamericana como condición para sostener un proyecto soberano. Así, su intervención cerró retomando una idea que atravesó toda la jornada: sin organización, sin memoria y sin pueblo, no hay posibilidad de enfrentar los desafíos del presente.
Ya en el cierre de la jornada, tomaron la palabra las Madres de Plaza de Mayo Carmen Arias y “Pina” de Fiore, quienes llevaron a la Plaza un mensaje directo, sin rodeos y profundamente político. “Seguimos cada vez más enojados con este gobierno”, comenzó Carmen, marcando el clima que atravesó la Marcha, y llamó a “elegir otro camino para sacarlos”, en rechazo a las políticas que —según denunció— avanzan contra la educación pública, la salud y los sectores más vulnerables.
En el mismo tono, cuestionó con dureza las decisiones oficiales y advirtió sobre la necesidad de tomar conciencia de cara al futuro: “hay que fijarse bien a quién vamos a votar”, insistió, planteando incluso el deseo de que este rumbo termine antes de 2027. Con la misma claridad, dejó resonar una consigna que sintetizó su posicionamiento: “Fuera Milei. Cristina libre. Axel presidente de la Nación”.
A continuación, “Pina” de Fiore retomó la palabra con la cercanía de quien lleva años en la Plaza y habló desde ese vínculo construido con la militancia: “ustedes me conocen muy bien, hace muchos años que estoy acá”, dijo, reafirmando una presencia sostenida en el tiempo. En el mismo tono, volvió a instalar una de las consignas que atraviesan cada jueves: “Cristina libre”, expresó, dejando en claro que la lucha también se proyecta sobre el presente político. Con un cierre cálido y sencillo —“un beso para todos, nos vemos la semana que viene”—, Pina selló la jornada con esa mezcla de ternura, convicción y continuidad que caracteriza a las Madres: pase lo que pase, el próximo jueves volverán a estar en la Plaza.