En un jueves soleado de abril, la Plaza de Mayo volvió a ser testigo de la Marcha de los jueves N° 2506. Pero este jueves no fue uno más; el aire se sentía distinto, más denso, cargado de una ausencia que se vuelve presencia multiplicada. El domingo pasado, a los 101 años, cambio de casa Visitación de Loyola, nuestra «Visi», y la Plaza, que ella habitó luchando junto con sus compañeras, hoy la recuerda haciendo política, como nos enseñó Hebe.

En primer lugar, Demetrio tomó el micrófono con la voz templada por el dolor pero firme en la denuncia. Dedicó sus primeras palabras a la Madre que nació un 17 de octubre: «Visi creo que era ya el aire de esta plaza y lo sigue siendo. Estuvo hasta el último momento con sus 101 años, 6 meses y dos días… Ella nació un 17 de octubre y yo creo que el 17 de octubre del 45 se hizo por el nacimiento de Visi en el 24». Recordó que su última voluntad pública fue un mandato político: «Las madres peleamos por ver a Cristina libre y por verlo a Axel presidente. En esta plaza nos tenemos que juramentar que lo vamos a conseguir».

Sobre la coyuntura, Iramain lanzó una advertencia contra el derrotismo y la teoría del «presidente rengo» que sucederá al gobierno fascista de Milei. Con la mirada puesta en la historia, reivindicó a los líderes populares: «A Néstor también le dijeron en el 2003 que era un presidente rengo e ilegítimo… y sin embargo es el compañero que transformó la Argentina. Néstor Carlos Kirchner fue el gobernante más legítimo de todos». Subrayó que la legitimidad no es solo un conteo de votos, sino el ejercicio del gobierno a favor del pueblo, algo que hoy brilla por su ausencia.

A la vez, Demetrio calificó al presidente como un «criminal» que viola la Constitución sistemáticamente. Alertó sobre la reforma política regresiva que pretende entregar las campañas a manos privadas: «Las empresas ¿a quién le van a dar plata? A los que van a gobernar para las empresas, no a los líderes populares». Para Demetrio, la elección de 2027 no es solo una oportunidad electoral, sino la «única posibilidad de seguir existiendo como nación».

Especialmente crudo fue su diagnóstico sobre la violencia que baja desde el poder y cala en los jóvenes. Mencionó con alarma la multiplicación de amenazas de tiroteos en las escuelas: «Esas pintadas están hechas por pibes y pibas nuestras… tenemos que construir una esperanza en la que la única salida no sea cagarse a tiros en una escuela», sentenció. 

Cerró con una potencia que sacudió a la militancia, recordando que las Madres dejaron de tirar piedras el 25 de mayo de 2003 para construir poder real: «De nada sirve estar tirando piedras… lo aprendimos con Néstor y Cristina. La única salida es la política, estar en la calle, organizarnos para que la solución que venga de las urnas pueda llevar adelante el programa que todos queremos».

Más adelante, el intendente de Tapalqué, Gustavo Cocconi, aportó la perspectiva del territorio, de ese interior que resiste el embate del ajuste. Con brevedad pero con la contundencia de quien gestiona en la trinchera, afirmó que la solución «sale exclusivamente por la política» y que el camino es la liberación de la patria y de Cristina.

«La accesibilidad a los remedios, a la salud, a la educación… todos esos recortes para quedar bien con el Fondo Monetario Internacional hace que luchemos cada día más», sostuvo Cocconi. El intendente destacó que no se puede llegar «rengo» a la victoria, sino fortaleciendo al campo popular y apoyando al gobernador Axel Kicillof, nutriéndose de esa «corriente de amor que generan las Madres».

La emoción alcanzó su punto máximo cuando Carmen Arias tomó la palabra para despedir a su compañera de ruta. Carmen reveló la intimidad de un vínculo que trascendía la militancia para convertirse en familia. «Gracias, Visi, por nuestras charlas de todos los días. Mi propósito era llegar a mi casa y esperar hasta las 9:15 de la noche para llamarla… no solo me preguntaba cómo había estado la plaza, sino que me aconsejaba».

El quiebre en la voz de Carmen al recordar el final de esas llamadas resumió el sentimiento de toda la Plaza: «Nunca voy a olvidar cuando terminábamos de hablar y ella me decía como despedida: ‘Chau, hija'». Por su parte, Pina de Fiore, con la humildad de las que nunca aflojan, recordó sus noches de vigilia junto a Hebe y reafirmó su compromiso inquebrantable: «Espero seguir viniendo como siempre. Un beso a cada uno de ustedes».

La Marcha de los Jueves N° 2506 terminó como terminan las cosas que son para siempre: con el puño en alto, el pañuelo blanco custodiando la pirámide y el grito de la militancia que cantó «¡Visi de mi vida, vos sos la alegría de mi corazón!» retumbando en cada baldosa. Las Madres cumplen 49 años de lucha el próximo jueves, y como dijo Demetrio, aunque se lleven a las compañeras, la lucha no tiene jubilación ni final.

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