En una tarde donde el frío calaba hondo en la Plaza de Mayo, la militancia se congregó una vez más para abrazar a las Madres de Plaza de Mayo en su Marcha de los Jueves N° 2510. Bajo un cielo gris que desafiaba la jornada, los pañuelos blancos volvieron a marcar el paso alrededor de la Pirámide de Mayo. Junto a las Madres Carmen Arias y Josefa «Pina» de Fiore, estuvieron Demetrio Iramain y Fabián Toscas —militante peronista, vecino de la Villa 20 de Lugano y director de la Comisión de Promoción Social de la Legislatura Porteña—, uniendo voluntades para denunciar el avance de la corporación judicial y la exclusión habitacional en los barrios populares.

Demetrio Iramain abrió el acto trayendo el pasado al presente. Recordó que en los años noventa la política estaba más fría todavía que el clima de la tarde, y reivindicó la histórica consigna de las Madres: «Cabeza clara, corazón solidario, puño combativo». Acto seguido, envió un saludo al pueblo de Bolivia que resiste en las calles contra las mismas recetas que hoy se aplican en Argentina, y definió que el camino es «la rebelión para construir en la calle las condiciones políticas para volver a gobernar a favor del pueblo».

Tras el inicio, Iramain se adentró en el tema central que históricamente le encomendó Hebe de Bonafini: «Vos hablá del poder judicial porque es un fenómeno de época. La política se ha judicializado, desgraciadamente hace bastantes años». Al respecto, denunció que las decisiones de los tribunales golpean directo en la vida cotidiana de todos nosotros y nosotras: «Hace a nuestra libertad, a nuestro patrimonio, a nuestro salario, a nuestros derechos. Todo lo que pasa en esa cueva… es una cueva».

Al analizar la coyuntura de los tribunales, apuntó contra el juicio por «la causa de las fotocopias de los cuadernos». En este punto, aseguró que, «En realidad es un circo, ni siquiera es una causa judicial», y citó la reciente declaración del portero del edificio de Juncal y Uruguay, quien reconoció haber mentido bajo coacción en el juzgado de Claudio Bonadio cuando los funcionarios judiciales le dijeron: «Y tenés que pensar en tus hijas, ¿no?».

Además, alertó sobre la crisis institucional del sector, detallando que el poder judicial arrastra hoy un 37% de cargos vacantes en la justicia nacional y federal; una situación que el macrismo aprovechó para colocar magistrados afines y de la cual el propio Ricardo Lorenzetti se jactó al inicio de la gestión de Mauricio Macri diciendo: «Miren qué bien el poder judicial, lo eficiente que es, que a pesar de tener más del 30% de cargos vacantes, funciona», mientras los empleados sufrían la recarga de tareas.

El dirigente cuestionó con dureza que el actual gobierno haya enviado al Senado el pliego de Carlos Mahiques para extender su mandato por cinco años más. Advirtió que el único que cumplió con el límite de edad fue Raúl Zaffaroni, quien al llegar a los setenta y cinco años renunció a la Corte. Al repasar el prontuario de Mahiques, recordó su presencia en Lago Escondido y cómo su hijo, Juan Bautista, coordinaba los chats para encubrir el delito diciendo que «había que conseguir una factura trucha, como que el viaje había sido pagado normalmente». Iramain lamentó profundamente que el magistrado obtuviera el acuerdo de la Cámara Alta con cincuenta y ocho votos: «No es que arañando, no, le sobraron 10 votos y muchos de los que lo votaron son peronistas. Hay que reconocerlo». Frente a esto, remarcó la necesidad de construir una nueva mayoría que devuelva al peronismo a la Casa de Gobierno, advirtiendo: «Con el enemigo, con los que están enfrente, como siempre nos dijeron las madres, no podés negociar ni un poquito así, porque en cuanto lo dejaste vivo al enemigo, te mata él».

Para el cierre, exigió una reforma radical: «Ya no alcanza con transformarlo. Hay que darlo absolutamente vuelta. No es posible un país con justicia social con este sistema judicial. No es posible, está absolutamente roto, viciado totalmente». Denunció que la sociedad ya naturalizó que Milagro Sala lleve más de diez años presa, al igual que Julio De Vido y la propia Cristina. Por eso, reclamó ir por un control político del poder judicial para garantizar «no que sigan al partido de turno, que sigan a la democracia, que sigan a la Constitución de verdad y no a los grupos económicos, no a la embajada norteamericana».

Para el cierre, Demetrio recordó que «Acá todos los jueves hablamos de Axel. Para nosotros es la esperanza, Axel Kicillof. Lo digo abiertamente, sin culpas, todo lo contrario. Lo milito con toda la fuerza», y pidió que al volver el 10 de diciembre se empiece desde el minuto uno a revolucionar el poder judicial.

A su turno, Fabián Toscas tomó el micrófono para relatar el escenario catastrófico que viven los barrios populares debido a las políticas de Javier Milei y Jorge Macri. Su discurso se centró en denunciar el accionar del Gobierno de la Ciudad en los asentamientos, manifestando que el jefe de Gobierno local «no solo se dedicó a hacer show con este operativo que le llamó Tormenta Negra, sino también que aplica políticas todos los días que terminan lastimando, expulsando, dañando la vida cotidiana de cada ciudadano, de cada vecino». Detalló que las fuerzas de seguridad clausuraron «comercios que le permiten a nuestra población que vive en las villas sobrevivir», utilizando excusas que calificó como una burla de clase. Para graficar la realidad habitacional, explicó: «En las villas, en un cuarto no solo duermen los padres y los hijos, sino que la única ventana que tienen es por la que se venden, se convierte en un kiosco durante el día. Y con esa excusa han clausurado los comercios».

Toscas profundizó sus críticas hacia Jorge Macri por el trato hacia las personas en situación de calle, a quienes expulsa de la ciudad «echándole la culpa a otras provincias, otros gobiernos, en vez de hacerse cargo». Denunció que cuando los vecinos se defienden conociendo sus derechos, las autoridades «los estigmatizan, los encuadran diciendo que tienen problema de salud mental».

Asimismo, repudió la suspensión de comedores comunitarios bajo el argumento de que las coordinadoras no saben usar una aplicación móvil para escanear el documento de los comensales. Expuso así la injusticia de que «las dueñas que todos los días le ponen el cuerpo, que todos los días luchan por darle de comer a un montón de pibes y pibas… trabajan gratis todos los días para darle un plato de comida a los que menos tienen». Con indignación, afirmó que el objetivo oficial es «dividir la ciudad en dos, los pobres por un lado y los ricos por el otro», y exigió urbanización y educación en lugar de shows mediáticos: «Lo que queremos nosotros en los barrios populares, de las villas, queremos urbanización… poder de alguna manera estudiar, tener universidad en nuestros barrios». Cerró convocando a militar con fuerza la campaña de Kicillof, que es «la esperanza que tenemos todos los que menos tenemos para vivir un poco mejor».

El cierre de la jornada estuvo a cargo de las Madres. Carmen Arias dio lectura completa a Hermandad, una carta histórica de nuestra compañera eterna Hebe de Bonafini que expresa el rechazo absoluto de la organización a la violencia individual: «Las madres de Plaza de Mayo rechazamos la venganza personal. No tenemos que matar a los verdugos de nuestros hijos. Los genocidas como Massera deben ir a la cárcel. No debemos diferenciarnos de los asesinos en todo. Debemos perseguirlos siempre hasta el día de su muerte».

La lectura conmovió a la plaza al asegurar que los represores no logran matar el legado colectivo de la militancia, porque los desaparecidos «vuelven a aparecer con vida en otros jóvenes valientes». El escrito de Hebe concluyó con un fuerte llamado revolucionario: «No debemos ensuciar nuestras manos con su inmunda sangre. Nuestras manos deben servir para seguir construyendo el camino de la revolución a la que tenemos derecho como pueblo libre… Marchemos hacia el porvenir con la victoria bajo el brazo y la utopía prendida en el corazón».

Al finalizar, Arias pronunció sus consignas de cierre: «Fuera Milei. Cristina Libre. Axel presidente de la nación. Gracias, hasta el jueves que viene». Para dar el cierre definitivo, la Madre Josefa «Pina» de Fiore tomó la palabra brevemente y dejó un cálido saludo para los militantes que resistían el frío: «Gracias para todos que están acá. Un abrazo para todos. Un beso. Un beso para todos».

 

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