
Durante el primer jueves de octubre, se llevó a cabo la Marcha N° 2529 de las Madres de Plaza de Mayo, encabezada por Carmen Arias y Josefa «Pina» de Fiore. Junto a la militancia de siempre y a Demetrio Iramain, estuvo presente Graciela Carrizo, delegada general de Florencio Varela del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina (SACRA), cuya participación surgió tras el plenario del Movimiento Derecho al Futuro realizado el 19 de septiembre en la UTN de Villa Domínico con la presencia del gobernador Axel Kicillof.
La jornada comenzó con las palabras de Demetrio Iramain, quien inició su intervención enviando un caluroso saludo a María de Domínguez, Madre de la filial Mendoza que celebró sus 95 años: «Un saludo muy grande a María de Domínguez, nuestra compañera Madre de la filial Mendoza… María está volando bajito y no puede ir a la plaza, pero está con nosotros, está con las Madres y siempre atenta. Como tantas veces nos dijeron las Madres, ahora los pies, los ojos y los brazos de las Madres somos nosotros y nosotras, así que continuamos con su ejemplo».
Asimismo, expresó el respaldo del espacio al pueblo brasileño de cara a los comicios presidenciales: «Un saludo muy grande al pueblo brasileño y a Lula da Silva, que el domingo van a elecciones. Estamos convencidos de que va a ganar Lula, que se va a imponer a Bolsonaro, al imperialismo norteamericano y a tanto poder mediático que opera para que pierda».

Al abordar la coyuntura nacional, Iramain repudió enfáticamente el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia respecto al DNU 70/23 y la derogación de la Ley de Tierras, cuestionando la desestimación del reclamo presentado por los excombatientes: «Hace dos días tuvimos un fallo para repudiar con todas nuestras fuerzas de la Corte Suprema… La Corte resolvió regresar el artículo 154 del famoso DNU 70, que una Cámara Federal en La Plata había suspendido. La Corte es tan bicha y perversa que ni siquiera dice si es constitucional o no, simplemente dice que el CESIM, un centro de excombatientes de Malvinas muy amigos de Hebe y de las Madres, no tiene legitimación para hacerlo. Si los excombatientes que han puesto en riesgo su vida para defender la tierra no tienen legitimidad, ¿quién la tiene en este país?».
En esa línea, advirtió sobre los riesgos del vacío legal generado por el máximo tribunal y enfatizó que la solución de fondo requiere la anulación completa del decreto presidencial: «Es muy probable que desde que salió este fallo hasta que caiga —porque esto va a caer defectiblemente— haya gente que ya esté comprando tierras y que después aleguen derechos adquiridos… No podemos enredarnos en una discusión de quién tiene legitimidad y quién no. Lo que hay que hacer, compañeros y compañeras, es voltear el DNU 70. Si volteamos el DNU 70 se acaba la discusión: se termina el DNU, se terminó el problema».
Por último, llamó a la movilización popular previa a la sesión especial en el Congreso y reafirmó la necesidad de construir una alternativa política para el futuro del país: «El martes que viene tenemos una cita en la calle, todo el pueblo movilizado para exigir y lograr las condiciones políticas para que los diputados no se hagan los boludos esta vez y terminen con ese DNU nefasto… A veces parece que nos bajan los brazos, pero es ahí cuanto más alto hay que subirlos. No solo vamos para que no vendan la tierra, vamos por la caída del DNU y por volver a tener la patria que teníamos hasta el nefasto día que asumió Milei. A partir de ahí, volver a gobernar la patria; ese es el gran objetivo».

A su turno, Graciela Carrizo, delegada general de Florencio Varela del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina (SACRA), tomó la palabra manifestando su profunda emoción al compartir la marcha junto a las Madres: «Tener 70 años y que me hayan invitado a esta marcha como protagonista con ellas es la frutillita del postre; después de que se vaya Milei me puedo morir tranquila, esa es la realidad», lanzó.
Tras transmitir el saludo de la secretaria nacional del gremio, Pimpi Colombo, la dirigenta describió la cruda realidad territorial que se vive en el conurbano profundo frente al incremento del hambre: «Pertenezco a un distrito que es un bastión peronista, Florencio Varela, uno de los más sufridos. Nosotros teníamos para ayudar a 500 familias, pero como toda ama de casa, le empezamos a poner más agua al guiso y ahora vamos llegando a 800. Porque compartir significa ser compañeros, eso es lo primordial».
Durante su discurso, Carrizo revalorizó la histórica capacidad de organización de las mujeres de los barrios populares para sostener la vida en los momentos de mayor angustia, trazando un paralelismo entre el presente y las crisis del pasado: «Las amas de casa somos todas: la profesional y la que revuelve una olla, porque para salir a ayudar esas mujeres tienen que dejar medianamente organizada su casa. Somos las que más trabajamos. Cuando no teníamos para papear inventamos el trueque. Nosotros no teníamos derecho a deprimirnos porque venían los compañeros y decían «me echaron, no me dejaron entrar», exactamente el mismo déjà vu que está pasando ahora».

En ese marco, contrapuso la militancia de cercanía con el cinismo del poder político: «A este pueblo soberano no le pueden enseñar nada este grupo que está rejuntado. ¿Dónde los ven a ellos? En la tele. Nosotros caminamos casa por casa, somos militantes del territorio. ¿Qué nos pueden enseñar si bancamos a los milicos, si bancamos que nos bombardearan la Plaza? El pueblo unido jamás será vencido», sentenció.
En otro tramo de su intervención, la referente sindical reivindicó el reconocimiento del trabajo no remunerado de las amas de casa impulsado por el kirchnerismo y rechazó los ataques hacia el sistema previsional: «Nos sacaron la jubilación de ama de casa por la que tanto luchamos, y tuvimos a un hombre como Néstor Kirchner, que lo decimos con orgullo, que en 2005 nos dio la jubilación. Dicen el groso error de que la Anses está mal porque le dieron la jubilación a los que nunca aportaron. Grosero error: no es el trabajador el que no aportó, es el patrón que negreó a los varones que levantaban casas con las manos curtidas y a las mujeres que iban a limpiar casas. ¿A quién se le puede ocurrir que un varón a los 60 o 65 años no haya trabajado en su vida? Lo único que queremos es un trabajo digno para cumplir ocho horas, venir y disfrutar con la familia».
Asimismo, cuestionó con dureza los créditos otorgados a funcionarios, la flexibilización laboral y la insensibilidad de la gestión de Milei ante las necesidades populares: «Quieren que estemos 12 o 14 horas por tres mangos. Ellos se sacaron un crédito de 20 millones en el banco que iban a reventar y se lo dieron sin cumplir requisitos, mientras que a un pibe para comprar un terrenito le piden hasta el último análisis de orina y no se lo aceptan. ¿Qué podemos esperar de Milei si dijo que su mamá cobra la jubilación y nunca trabajó? La madre hizo lo que pudo. El que no quiere a la madre no puede querer a la patria, porque la patria es nuestra madre».

Finalmente, Carrizo convocó a no bajar los brazos y a mantener activa la resistencia desde cada barrio: «Nosotros no queremos poder, lo único que pedimos es una vivienda digna y no rompernos la cabeza ni llorar a la noche pensando qué le damos de comer mañana a nuestros hijos. Tenemos que salir casa por casa, barrio por barrio, a sentarnos a tomar un mate y recordar cómo estábamos y cómo estamos. A mí me van a lavar la cabeza en tanto y en cuanto mis hijos no estén cagados de hambre, pero mis convicciones las voy a llevar a la tumba. Como dije la otra vuelta: muertas sí, pero no vencidas. Vamos a dar vuelta esto, se tienen que ir, y es el pueblo el que salvará al pueblo. ¡Viva Perón, viva Evita, viva Néstor, viva Cristina y viva Axel!».
El cierre de la jornada estuvo a cargo de Carmen Arias, quien compartió el documento leído en el acto por los 50 años de la masacre de la calle Corro, reivindicando desde allí el legado de toda la generación militante: «Vengo aquí a recordar a los héroes de la masacre de la calle Corro y a través de ellos reivindicar a la generación revolucionaria de nuestros hijos e hijas. No venimos las Madres a destacar una organización político-revolucionaria por sobre otra… Hace muchos años, las Madres de Plaza de Mayo nos propusimos socializar la maternidad, reconocernos madres de todos los desaparecidos y no solo de cada hijo o hija propio o hermano, como en mi caso. Nosotras somos las madres de los guerrilleros, de los alfabetizadores, de los sindicalistas, de los intelectuales, de los maestros, de los obreros, de los zafreros y de los curas del tercer mundo. A todos ellos no se los llevaron por perejiles, se los llevaron por revolucionarios».
En esa misma línea, Arias reafirmó los principios históricos de la organización frente a las reparaciones económicas y remarcó el sentido político de la memoria promovido por Hebe de Bonafini: «Las Madres de Plaza de Mayo no aceptamos dinero a cambio de vida, solo aceptamos justicia, cuya forma más alta es lograr la patria justa, libre y soberana que ellos y ellas soñaron. Nunca recordamos lo que los genocidas les hicieron a nuestros hijos en sus cuerpos; nosotras recordamos lo que ellos hicieron con sus cuerpos. Jamás pusimos el acento en el horror, sino en el amor por la vida que ellos sentían… Entre un niño feliz y un milico preso, preferimos ver niños felices, así decía Hebe. Queremos la reivindicación política e histórica de la lucha revolucionaria de nuestros hijos. Algún día no solo será feriado el 24 de marzo, también lo será el 29 de septiembre para honrar a los Mariano Moreno, José de San Martín y Manuel Belgrano de nuestra época, nuestros amados hijos guerrilleros y revolucionarios».

Finalmente, concluyó la marcha con las consignas habituales y un mensaje de fraternidad hacia el pueblo vecino: «Fuera Milei, Cristina inocente y libre, Axel presidente, y todas las ganas de que gane Lula en Brasil, porque nos va a favorecer a todos y los brasileros se lo merecen bien. Ni un paso atrás».


