Hoy las Madres de Plaza de Mayo celebran el 43º aniversario de lucha ininterrumpida. Desde aquel 30 de abril de 1977 transcurrieron más de cuatro décadas sin dar un paso atrás.

Nuevamente en una jornada especial, en el contexto de cuarentena por la pandemia, el aislamiento es sólo físico. Es por eso que al discurso acostumbrado de Hebe de Bonafini, este jueves 30 de abril de 2020, se le sumaron decenas de mensajes con palabras sentidas, con recuerdos, con agradecimientos y con el reconocimiento a las Madres, que transformaron el dolor en lucha, y de ese modo también transforman el mundo, con la idea permanente de construir una sociedad más justa y más solidaria.

Carmen Arias, Josefa de Fiore, Sara Mrad, Azucena de Tajan, María de Domínguez,  Rosa de Camarotti, Ángela Barili, Visitación de Loyola dijeron “estamos presentes”, como estos últimos jueves, que nos cuidamos quedándonos en casa.

También se entretejieron las voces de compañeros militantes, de artistas queridos, de escritores, periodistas, pensadores; voces desde Italia, Brasil, Suecia; las palabras de Ana María Careaga, de Liliana Herrero, de Eugenio Zaffaroni, de Dora Barrancos, de Cristina Caamaño, de Ana Fernández, de Mempo Giardinelli, de Nicolás Trotta, Romina Calderaro, Nora Veiras, Horacio González, Rodrigo Codino, Daniel Catalano, y tantísimos otros.

Muchos recordando a las Madres que ya no están, muchos mencionando a Azucena Villaflor, A Esther Ballestrino de Careaga y a María Ponce de Bianco, todos reconociendo este camino de amor y militancia.

Hebe comenzó su mensaje, otra vez a la distancia, como estos últimos jueves: “Llegó el día. Un día más, pero tal vez es único. Nada más y nada menos que 43 años de lucha ininterrumpida. Acompañadas de ustedes, por supuesto. Por los que están cerca y los que están más lejos”.

Y Hebe, en esta ocasión especial, también comenzó por los recuerdos: “Quiero empezar hablando de las tres compañeras asesinadas por la Armada argentina, de las que se conoce poco, y se habla poco. A la que más se conoce es a Azucena, pero yo les quiero contar qué nos quedó, qué nos enseñó cada una de ellas. Estas mujeres eran Esther Ballestrino de Careaga, que nació el 20 de enero de 1918 en Fray Bentos, Uruguay. Le decíamos La Paraguaya, pero había nacido en Uruguay. Después vivió en Para guay y tuvo una participación importante en las luchas revolucionarias de ese país. María Eugenia Ponce de Bianco nació el 6 de julio de 1924 en Tucumán. Estaba muy cerca de la Iglesia del Tercer Mundo. Azucena Villaflor de De Vincenti nació el 7 de abril de 1924 en Avellaneda. Estas tres mujeres estuvieron desde el primer momento. Azucena amaba la Plaza, las concentraciones. Era muy peronista, de una familia muy peronista. Y ella nos mostró qué significaba estar en la Plaza, hacernos ver. Si nos ven a las Madres, van a hablar de nuestros hijos, decía ella. Y la Plaza era el bastión. Es el bastión de las Madres. Cuando fueron secuestradas las dos Madres, yo quería dejar. Y ella dijo: ‘no, hay que sacar la solicitada. Más que nunca tenemos que hacernos ver, hacernos sentir’.”

“Esther Ballestrino de Careaga era una mujer con mucha experiencia, y ella creía mucho en los que era “creación”. ‘El Movimiento tiene que crear, no puede quedarse nada más que en la Plaza. Y nos tenemos que hacer escuchar. No dejes que opinen por vos’, decía ella. Y nosotras las escuchábamos. Y Mari Ponce nos dejó que había otra Iglesia, que la Iglesia no era la que conocíamos nosotras, la de los Papas que no nos recibían, la de los obispos que bendecían cuando tiraban a nuestros hijos vivos al río y al mar. Había otra Iglesia, revolucionaria, combativa”.

“Como estas tres personas tenían mucha incidencia en las Madres, mandaron a alguien para espiarnos, una persona que dijo que tenía un hermano desaparecido, que no tenía madre ni padre.  Y nos espió y las denunció. Después hubo un operativo y secuestraron a Mari y a Esther. El 8 de diciembre del ’77 fue el secuestro. Azucena insistió para sacar la solicitada, y la secuestraron el 10 de diciembre. En la Escuela de Mecánica de la Armada, junto con dos monjas francesas que también se llevaron de la Iglesia Santa Cruz, fueron torturadas, violadas y tiradas vivas al río”.

“Somos el único Movimiento en este país que conoció las comisarías de adentro, y que tiene la tragedia de estas tres Madres mártires, que nunca fueron reconocidas por este pueblo. Azucena, Mari y Esther, tres mujeres que nos marcaron el camino”.

“El 30 de abril, que es el día que estamos recordando hoy, nacimos. Y en diciembre ya teníamos esta tragedia tremenda y enorme, que nos marcaba para siempre. Nadie quería volver a la Plaza. Nadie volvió a la Plaza al otro jueves. Éramos muy poquitas Madres. Había perros, palos, policías. Poco se habló de las Madres. Se habló de las monjas francesas. Era muy duro decir que la Marina, tan vestida de blanco, había sido tan asesina”.

“Volver a la Plaza fue una pesadilla. Pero ese pequeño grupo que volvió a la Plaza, desafiando los perros, los palos, la policía, los gases, mostró que estábamos dispuestas a seguir. Dos o tres Madres nos pusimos el Movimiento al hombro y volvimos a llamar a todas. Como me dijo Azucena a mí: “No hay que abandonar”. Ahora teníamos los Hijos y las Madres.

Este día de hoy, de 43 años de lucha, tiene que ser el día que a alguien se le ocurra que en las escuelas el 30 de abril se hable de este horrible crimen de la Marina”.

Hebe continuó contando la historia de las Madres, esa historia viva: “La Memoria no sólo debe ser del 24 de marzo. La Memoria debe estar centrada en los 30 mil desaparecidos, encabezados pos las tres compañeras que dieron su vida por buscarlos, por enseñar a buscarlos para encontrarlos.

Y en ese primer año, las Madres creamos el Pañuelo, para ir a Luján. Ellas no quisieron ir a Luján. Y creamos el Pañuelo nada más que para encontrarnos, no teníamos teléfonos ni direcciones. Y alguna dijo: ¿no tenemos un pañal de nuestros hijos? Y todas teníamos un pañal de gasa. Y así nos fuimos encontrando”.

“Al poco tiempo nos dimos cuenta de que mucha gente hablaba de esas mujeres del Pañuelo blanco que a gritos pedían por los Desaparecidos.

Después fueron la primera comisión, la Casa y el boletín. Ni bien tuvimos la Casa, nos la pintaron. “Madres terroristas”, “Cueva de subversivas”. Pero ahí se fueron acercando todas las Madres del país y a formar grupos en diferentes provincias”.

“Cuando hicimos nuestro primer boletín decidimos mandarlo al exterior, y ahí sí que pegó fuerte. Lo empezaron a traducir en diferentes idiomas. Y después logramos que se formaran grupos de apoyo en Europa, Australia y Canadá. Y después llegó el periódico de las Madres y la revista Las Locas y la revista Ni un paso atrás. Y después la Universidad, el gran sueño. Y la biblioteca, y la radio. Y un salón de actos, y el bar. Y los compañeros que filman todo el tiempo lo que hacemos, y lo distribuyen. Y el programa de televisión, en la época de Néstor y Cristina”.

“Nuestra Casa es un museo viviente, que visitan escuelas y gente que viene del exterior. Y el ECuNHi, esa cosa maravillosa que funciona en la ExESMA, donde a un lugar en el que se enseñaba a torturar y a matar, nosotras le pusimos vida. E hicimos un centro cultural. Y le pusimos Centro Cultural Nuestros Hijos. Es como el sueño de Azucena, de Mari, de Esther, que vamos componiendo con toda esta creatividad”.

“Todo esto es la herencia para los jóvenes. Porque todo lo que tenemos las Madres es del pueblo”.

Hebe llegó con sus recuerdos hasta estos días, hasta esta actualidad que nos encuentra en casa, escuchando su mensaje, esperando volver pronto a la Plaza:

“Hoy tal vez ustedes esperaban otro discurso, pero me parecía que teníamos que darle todo este valor a las compañeras que fueron secuestradas, torturadas y asesinadas por la Armada, y también contarles lo que fuimos capaces de hacer las que quedamos, cómo quisimos seguir su camino.

Estamos viviendo momentos muy difíciles. Económicamente es cierto que hay muchos problemas. Pero nada vale más que la vida. ¿Se acuerdan cuánto hace que lo dijimos las Madres? La vida vale vida. Y ahora en el mundo entero se han dado cuenta que la vida vale vida. No hay plan económico que valga si no tenemos vida. Y no la vida de uno, la vida del otro. Nosotras le damos vida a nuestros hijos y nuestras hijas con todo lo que hacemos. Están presentes en todo siempre”.

“Y no es ‘43 años de un nacimiento’. Es ‘43 años de una lucha ininterrumpida’. Todos los días desde hace 43 años las Madres hacemos algo”.

Para despedirse, dejó un mensaje actual, latente: “Tenemos que defender con garra a este presidente, a este gobierno, de hombres y mujeres que se han puesto al hombro algo bastante difícil, muy complicado, como esta pandemia que nos está asolando a todos. Hemos salido de otras, esta no es la única. Pero parece que cada vez cuesta más, Porque el capitalismo se había apropiado de la cabeza de muchos, y eso es muy peligroso. De los que se fueron no quiero ni hablar, porque destruyeron el país y asesinaron a miles y miles de niños por falta de comida y por falta de atención médica, Y eso no me lo voy a olvidar ni lo voy a perdonar”.

“Les agradezco a todos los que nos acompañan, a este conjunto que somos la Asociación de Madres de plaza de Mayo. No se confundan: las Madres somos únicas, y e Pañuelo también es único. Porque no se pinta, no se regala. Se aprieta, se ama, igual que amamos a nuestros hijos. Con el mismo respeto y con el mismo amor”.

“Espero que pronto nos veamos en la Plaza”.