Antes de cumplir su primer año del mandato asumido el 25 de mayo de 2003, el presidente Néstor Kirchner pronuncia dos discursos esenciales, que resultan para las Madres definitorios sobre el rumbo que tomaría su gobierno y les dan la razón en el decidido apoyo que ellas expresaron al santacruceño desde sus primeras semanas de gestión. Mientras el 25 de septiembre de 2003, ante la Asamblea general de la ONU, expresa que “la defensa de los derechos humanos ocupa un lugar central en la nueva agenda de la República Argentina” y se siente un hijo de las Madres de Plaza de Mayo, en su discurso frente a la ESMA, el 24 de marzo de 2004, afirma que los desaparecidos “son mis compañeros”. Se trata de la reivindicación más extraordinaria jamás hecha por un presidente democrático a los desaparecidos. “Cuando recién veía las manos, cuando cantaban el himno, veía los brazos de mis compañeros, de la generación que creyó y que sigue creyendo en los que quedamos que este país se puede cambiar”, señala Néstor apenas comienza su discurso en el cierre del acto en el que pide perdón en nombre del Estado argentino por el genocidio y la impunidad que le siguió, y resuelve expropiar a la Marina de Guerra de su posesión en la ESMA y cederla a las organizaciones de la sociedad civil. Las Madres agradecen públicamente el gesto a través de un comunicado que emiten al día siguiente. “Yo había escrito una cartita en 1981, cuyo original se lo di a Néstor. Allí decía que un día un hijo nuestro iba a cruzar la Plaza de Mayo e iba a ocupar el sillón de Rivadavia. Y cuando llegó Néstor y dijo eso se la regalé”, declararía Hebe años después, en una entrevista, en la que califica aquella reivindicación de Kirchner a los desaparecidos como el momento de mayor alegría de las Madres hasta ese momento.

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