La Marcha N° 2495 de las Madres de Plaza de Mayo volvió a llenar la Plaza de memoria, palabra política y disputa de sentidos. Participaron Demetrio Iramain y Jorge Godoy, secretario de Derechos Humanos de UTE, y el cierre estuvo a cargo de las Madres Carmen Arias y “Pina” de Fiore. A pocas semanas de la Marcha 2500, las Madres volvieron a la Plaza que las vio nacer y nunca abandonar las banderas de sus 30 mil hijos e hijas.
En su intervención, Demetrio Iramain puso el eje en la dimensión simbólica de la ofensiva del gobierno de Javier Milei. “El objetivo central de este gobierno es la batalla cultural, cambiarnos la historia, reescribirla”, afirmó, y advirtió que esas disputas no son menores. En ese marco, señaló como ejemplo la decisión oficial de sacar el sable corvo de San Martín del Museo Nacional para entregarlo a los militares. “Parece algo menor con todo lo que pasa en la Argentina. Por supuesto que el plato de comida y el puesto de trabajo que están perdiendo nuestros compañeros y compañeras es más urgente, pero no deja de ser importante y nosotros lo tenemos que marcar”, sostuvo. Y recordó que esa mirada fue una enseñanza permanente de nuestra eterna compañera Hebe y de las Madres: no separar nunca lo material de lo simbólico, porque allí también se juega la política.

Con ese hilo, Iramain se detuvo largamente en la historia del pañuelo blanco, uno de los núcleos centrales de su discurso. Recordó que desde comienzos de este año, en el que se cumplen 50 años del golpe, el diario Página/12 incorporó el pañuelo blanco junto a su título. “Ese símbolo gráfico nos honra, porque es un reconocimiento implícito a la lucha de las Madres de Plaza de Mayo y a todo el campo popular que durante décadas se movilizó por la sanción penal del genocidio”, señaló. Al mismo tiempo, remarcó que esa síntesis también incluye una bandera que las Madres sostuvieron cuando casi nadie se animaba: la reivindicación de la lucha revolucionaria de los desaparecidos. “Cuando muchos preferían decir que los desaparecidos eran víctimas, las Madres decían: ‘Nuestros hijos fueron revolucionarios’. Se bancaron todas las que había que bancarse para sostener ese discurso”, afirmó.
En ese punto, Iramain explicó que el pañuelo blanco no fue el primer símbolo gráfico de las Madres. Hasta 1986, el emblema era el tallo de una azucena, en homenaje a Azucena Villaflor de De Vicenti, con las siglas MPM. Relató que ese año se produjo una ruptura interna en la Asociación Madres de Plaza de Mayo, cuando un sector planteó cambiar la conducción. “Se presentaron dos listas: una encabezada por Hebe de Bonafini y otra por María Adela de Antokoletz. La lista de Hebe ganó por amplísima mayoría”, recordó. El grupo que perdió la elección se retiró de la Asociación y comenzó a denominarse Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. “Siguen marchando los jueves, comparten la Marcha, pero ya no forman parte de la Asociación”, explicó, marcando con claridad la diferencia política y organizativa.

Fue en ese contexto que surgió la necesidad de un nuevo símbolo. “Pasaba que ambos grupos usaban el mismo emblema gráfico y las Madres decían: ‘Esto hacia afuera no se entiende’”, contó Iramain. Y ahí recuperó una definición clave de Hebe: “No tenemos que pelearnos por el símbolo, tenemos que crear uno nuevo”. Según relató, fue nuestra eterna compañera quien dibujó a mano el primer pañuelo, “un pañuelito medio despatarrado”, que luego fue estilizado por diseñadores, hasta convertirse en el símbolo que hoy se conoce en todo el mundo. “Ese pañuelo tiene una potencia extraordinaria. Donde aparece, está bien claro lo que se quiere decir”, afirmó.
Iramain subrayó además una característica central del pañuelo blanco: no lleva nombres propios. “No tiene la inscripción de ningún hijo o hija, ninguna seña particular. Tiene una única inscripción para todas igual: Asociación Madres de Plaza de Mayo – Aparición con Vida”, explicó. Allí retomó otra de las grandes peleas de las Madres, impulsada por Hebe: la de “socializar a los hijos”. “Las Madres se reconocen madres de los 30.000 desaparecidos, no de uno solo. En un gesto de desprendimiento extraordinario, decidieron no poner ninguna marca individual y reivindicarlos a todos y todas por igual”, sostuvo. Y agregó: “Para ellas, un desaparecido equivale a los 30.000”.

En el mismo tono, recordó momentos en los que la potencia del pañuelo se expresó de forma masiva, como en 2017, cuando el pueblo salió a la calle para impedir la detención de Hebe durante el macrismo. “Fue uno de los puntos más altos de resistencia popular al lawfare”, dijo, y recordó el pañuelazo que se multiplicó en todo el país. “Todo eso tiene una historia, y también es una batalla política y cultural ganada por la Asociación Madres de Plaza de Mayo”, concluyó, arrancando un largo aplauso.
Luego tomó la palabra Jorge Godoy, secretario de Derechos Humanos de UTE, que habló como maestro, como sindicalista y, sobre todo, como parte de la clase trabajadora. Antes de meterse de lleno en su intervención, pidió un aplauso para el compañero Beto Pianelli, fallecido esa semana: “Compañero Beto Pianelli, presente, ahora y siempre”, repitió la Plaza. Desde ahí, Godoy vinculó la Marcha con las luchas actuales. “Está en juego nuestro salario, están en juego los derechos conquistados durante décadas por la clase trabajadora”, afirmó, en referencia a la reforma laboral que impulsa el gobierno de Milei.

Más adelante, Godoy se detuvo en la reforma educativa y la intención oficial de avanzar con el homeschooling. “El aprendizaje es colectivo. Si se rompe la escuela pública, si se destruye lo común, lo que se instala es la soledad”, dijo. Y agregó: “No se trata solo de contenidos, se trata de qué tipo de sociedad queremos. Una sociedad de individuos aislados o una sociedad de compañeros y compañeras que aprenden y luchan juntos”. En ese marco, recordó palabras de Hebe de Bonafini sobre la alfabetización y la soledad que ella sentía por no haber podido estudiar de chica. “Hebe decía que la escuela era un lugar para dejar de estar solos. Y eso es lo que quieren romper”, sostuvo.
Godoy también reivindicó el papel político de las Madres en la educación. Contó la anécdota de una maestra que en 2014 le había escrito a Hebe diciendo: “Usted me arruinó una clase”. Frente a eso, fue contundente: “Las Madres no arruinan ninguna clase. Las Madres enaltecen cada una de nuestras clases. Nos enseñaron a enseñar, nos enseñaron a luchar. Son maestras de maestras”. Y remarcó que no hay neutralidad posible frente a un gobierno que avanza contra los derechos: “La educación es política, y la memoria también. No se puede enseñar sin tomar partido”.

En el mismo tono, Godoy retomó la experiencia del Cruce de los Andes realizado por docentes y trabajadores en diciembre, como gesto simbólico para defender la soberanía. “Lo hicimos para que nuestras maestras y maestros puedan llevar esa experiencia a la escuela, para seguir enseñando que la soberanía no es un discurso vacío, es una práctica”, explicó. Y cerró su intervención agradeciendo a las Madres por cada jueves en la Plaza: “Gracias por enseñarnos que la lucha no se negocia, que se sostiene. Gracias por ser madres de madres, madres de padres, y maestras del pueblo”.
Para el cierre, Carmen Arias volvió a ponerle cuerpo y emoción a la Marcha. Recién llegada de España, compartió la experiencia del viaje como una verdadera gira militante. Contó que participaron de homenajes, entrevistas, actos públicos y encuentros con organizaciones populares que siguen de cerca lo que pasa en la Argentina. “Están enteradísimos de todo, y por supuesto que no quieren a Milei”, dijo entre risas, pero con un mensaje claro: el ajuste y el desprecio por los derechos humanos también se ven desde afuera.

Carmen relató especialmente el homenaje a los Abogados de Atocha, en Madrid, donde se cantó La Internacional y donde las Madres fueron reconocidas junto a otras luchadoras. “Fue un acto maravilloso, muy emocionante”, afirmó. Y destacó que todos los premios fueron para mujeres, salvo uno que se entregó en representación colectiva. “Eso también dice algo de la historia que seguimos escribiendo”, señaló.
Más adelante, se detuvo en una experiencia personal muy fuerte: el reencuentro con familiares en su pueblo de origen, en Galicia. “Desde que me levanté hasta que me acosté tenía micrófonos, cámaras, entrevistas. Pero lo más lindo fue encontrarme con la familia, con primos, con gente que me conocía de chica”, contó. Y agregó: “Fue algo que voy a agradecer toda la vida”.

De regreso al presente argentino, Carmen volvió a marcar la necesidad de unidad. “Más que nunca tenemos que unirnos para que no puedan llevar adelante todo esto que quieren hacer”, dijo, en referencia a la reforma laboral, el ajuste y el ataque a los derechos. Y volvió a exigir la libertad de Cristina, como parte de la misma pelea contra el lawfare. “No tenemos que dejarles respirar ni un momento. Tenemos que luchar unidos para ganar nosotros, no ellos”, afirmó.
Finalmente, habló de la situación económica de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. “La estamos pasando mal. Los gastos son elevados y no alcanza”, explicó con claridad. Y pidió redoblar el aporte solidario para sostener la Casa de las Madres, que sigue abierta todos los días, incluso frente al hostigamiento del gobierno. “Las Madres no paramos nunca. El 25 de diciembre, el 1° de enero, siempre estamos en la Plaza. Pero eso también necesita recursos y militancia”, concluyó.

Así, la Marcha N° 2495 volvió a cerrar como una clase de historia, de política y de dignidad. Como decía Hebe, “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Y las Madres, cada jueves, siguen enseñando que la lucha nunca se abandona.

