Este jueves 8 de enero, las Madres de Plaza de Mayo volvieron a decir presente en la Marcha de los Jueves N° 2491, acompañadas por la militancia que sostuvo, una vez más, el pulso de la Plaza como espacio de memoria, denuncia y organización política. Junto a ellas estuvieron Manuel Marín, prensa de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, y Carlos Raimundi, ex diputado de la Nación y ex embajador argentino ante la ALADI y el Mercosur. El cierre quedó en manos de las Madres Carmen Arias y “Pina” de Fiore, que reafirmaron que, pese al contexto de persecución y ajuste, la lucha no se negocia ni se abandona.
Para empezar, Manuel Marín puso en palabras el clima de una semana “recontra complicada”, atravesada por decisiones represivas y hechos internacionales de enorme gravedad. Primero, alertó que “ahora nos pueden detener sin ningún tipo de declaración jurada, con excusas que inventan”, en dirección a la promulgación de un Decreto de necesidad y urgencia que con la firma de Javier Milei modificó el sistema de inteligencia en la Argentina. Inmediatamente, vinculó ese avance autoritario con el escenario regional: “el sábado nos levantamos con misiles cayendo en Latinoamérica después de décadas, con Estados Unidos violando el derecho internacional una vez más”.

En ese marco, describió un sentimiento compartido: “el militante que tenemos todos adentro está muy enojado, con mucha bronca”, aunque llamó a no dejarse paralizar. “Hay que ver qué se hace con esa bronca”, sostuvo, y recordó un mandato histórico: “hay ganas de cumplirle el sueño a Hebe, el último que pidió acá”, la pueblada a la Corte.
Luego, Marín amplió la reflexión desde una mirada colectiva, señalando la confusión y el daño que provoca la propaganda imperial. “Duele verse como vecino y ver tanta gente celebrando que secuestran a un presidente”, dijo, y agregó que también aparece “el ciudadano que piensa en el derecho internacional y tiene mucha incertidumbre”.

En ese punto, retomó una definición de Hugo Chávez: “hay dos grandes fuerzas que siempre chocan: la de las corporaciones y la del pueblo”. Frente al discurso derrotista de ciertos medios, advirtió: “lo que pasó fue un zarpazo del poder económico, de los monopolios”, mencionando a las petroleras y a los fondos buitre, pero remarcó que “todavía falta, esto recién arranca”. “El verdadero pueblo de Venezuela está en la calle”, insistió, y llamó a transformar la bronca “en un proyecto colectivo”, porque “nadie se salva solo”.
A continuación, Carlos Raimundi tomó la palabra y su intervención marcó uno de los momentos más fuertes de la marcha. En un comienzo recordó a nuestra eterna compañera Hebe, agradeció a las Madres por la invitación y afirmó que participar de estas Marchas “se convirtió en un rasgo de identidad de ser argentinos”. De entrada, propuso un horizonte político: “al iniciarse un nuevo año, tenemos que convocarnos a que este sea el año de la reconstrucción y de la reorganización del movimiento nacional y popular”.

Desde allí, compartió una sensación inquietante: “es como si hubiéramos ingresado a una película distópica, donde suceden cosas que desde nuestros parámetros éticos uno pensaría que nunca pueden pasar… y pasan”. Sin embargo, adelantó una clave central: “como en esas historias, lo único que nos puede salvar es la unión de la humanidad, recuperando principios y valores de la solidaridad, de la vida comunitaria y de la patria compartida”.
En el mismo tono, Raimundi advirtió sobre la coordinación del poder real. “No hay que subestimar la capacidad de planificación y financiamiento que tienen”, afirmó, y denunció que “todo está absolutamente sincronizado”. Recordó que, mientras se preparaba el operativo contra Venezuela, en la Argentina “el presidente convocó a una internacional de ultraderecha y sancionó un decreto que nos convierte a todos en potenciales terroristas”.

En paralelo, señaló el silenciamiento sistemático de crímenes internacionales: “nos fueron acostumbrando, ocultando el genocidio del pueblo palestino, silenciando masacres, hasta llegar al punto culminante: secuestrar al presidente de una República”. Frente a quienes celebraron esos hechos, fue contundente: “hay muchos argentinos confundidos, ignorantes en el sentido de la desinformación”.
Más adelante, Raimundi desmontó con datos el relato dominante sobre Venezuela. “Me tocó estar tres veces en el último año y medio allí”, contó, y contrastó la normalidad cotidiana con lo que muestran los grandes medios. Reconoció la crisis, pero explicó sus causas: “entre 2017 y 2019 cayó dos veces y media el PBI”, recordó, y detalló que al país “le confiscaron los recursos, lo sacaron del sistema financiero, no podía importar medicamentos ni alimentos”. Por eso subrayó: “no es lo mismo endilgarle todo a un mal gobierno que entender que la causa estructural fue el bloqueo y las más de mil sanciones de Estados Unidos, como hace hace 60 años con Cuba”.

En esa línea, cuestionó las mentiras mediáticas en torno a las elecciones donde, supuestamente, fue la ganadora la candidata opositora, Corina Machado: “si realmente hubiera habido un repudio masivo y hubieran ganado por el 70%, ¿cómo es que no se levantó la gente en las calles?”. Y respondió él mismo: “porque era una lisa y llana mentira”.
Con el mismo énfasis, Raimundi sostuvo que la ofensiva imperial no expresa fortaleza sino desgaste. “Esta no es una demostración de fuerza de Trump, es la demostración de su debilidad definitiva, irreversible”, afirmó, y agregó que “carecen de valor moral, por eso tienen que recurrir a la fuerza”. Llamó entonces a construir “un enorme, amplísimo frente antifascista y antiimperialista”, y señaló que el conflicto no era ideológico sino material: “es un problema de riqueza”. Citando el llamado “corolario Trump de la doctrina Monroe”, fue claro: “lo dicen en los papeles: el petróleo es nuestro”. Y devolvió la acusación: “los que roban son ellos, no al revés”. En ese punto, vinculó el saqueo regional con la persecución política y el lawfare: “¿Quién nacionalizó el petróleo en 2011? Cristina. Por eso está presa”, sentenció.

Ya en el tramo final, Raimundi convocó a enfrentar el alineamiento automático del gobierno argentino. “Frente al daño criminal que está haciendo la política exterior de la Argentina, tienen que expresarse los bloques legislativos, los gobiernos, los sindicatos, los organismos de derechos humanos”, enumeró. Aseguró que Milei “no expresa el pensamiento de la mayoría del pueblo” y cerró con un horizonte claro: “solo a través de la lucha, la reorganización y la reunificación del movimiento nacional y popular vamos a recuperar el gobierno para el beneficio de nuestros pueblos”. La Plaza respondió con fuerza: “Patria sí, colonia no”.
Finalmente, la Madre de Plaza de Mayo Carmen Arias tomó la palabra para cerrar la marcha. Primero envió “un abrazo fuerte a Cristina”, deseándole pronta recuperación y libertad, y luego retomó el eje internacional: “Trump no va a ayudar al pueblo venezolano, va a quedarse con su riqueza”.

Remarcó que ningún pueblo puede ser disciplinado desde afuera: “si había que echar a un presidente, eso lo tiene que decidir el pueblo, no otro país matando gente”. También apuntó al alineamiento del gobierno libertario: “acá no le va a costar mucho que el gobierno lo apoye, porque Milei está con él”. Con una pregunta que resonó en la Plaza, denunció la entrega simbólica y material: “¿dónde está la bandera argentina frente a la Casa de Gobierno?”.
Y cerró, como cada jueves, con una certeza que atraviesa generaciones: “el pueblo tiene que estar unido y seguir luchando, porque la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

