Berenice Iañez, legisladora del Frente de Todos por la Ciudad de Buenos Aires participó de la marcha convocada por las Madres, junto a Hebe de Bonafini y Demetrio Iramain. Recordamos que durante los meses invernales la modalidad de los jueves es virtual, y se transmite desde la Casa de las Madres ubicada en el barrio de Congreso.
 
Hebe de Bonafini: “Los jueces permitieron, y acompañaron la tortura, la muerte, la desaparición de nuestros hijos e hijas. Jueces que nadie ha denunciado nunca”.
Voy a empezar con algo que también nos concierne que es el triunfo de los compañeros de la izquierda en Colombia. Ojalá, que en la segunda vuelta -porque no le alcanzaron los votos- vuelvan a ganar. Son compañeros muy luchadores. Un abrazo enorme de la Plaza, de las Madres, de todos nosotros, Estoy convencida de que van a ganar, por eso los felicitamos desde acá.
Se habla mucho de los jueces, pero nunca se habló ni se pudo denunciar la complicidad de los jueces en la época de la dictadura. Fueron los asesinos más grandes. Sí, así: Asesinos. Las familias, que éramos una cantidad enorme, enorme, presentábamos un habeas corpus1 ante la desaparición de nuestros hijos e hijas. No sabíamos qué era un habeas corpus, nunca supimos para qué servían. Sí nos dijeron que era para salvarles la vida, por eso los presentábamos. Pero era mentira. Los jueces cometieron los asesinatos junto con los militares. La dictadura no fue solo eclesial, política, militar, y policial. Fue con la mal llamada justicia. Ellos eran los grandes responsables de las torturas infames que hacían contra nuestros hijos, y nuestras hijas. Ellos eran los responsables de permitir las masacres, de engañarnos a las Madres. Nos decían que no nos podían dar ningún certificado porque un juzgado no era un almacén, hasta cobraban por los habeas corpus y decían en cada habeas corpus que no sabían nada, que nuestros hijos no estaban en ningún lugar y que no los encontraban. Fueron los cómplices más grandes y nunca fueron denunciados. No nos llame la atención quienes son los jueces. Son tan asesinos como los militares, tan asesinos como la policía, tan asesinos como los curas que bendecían la tirada de nuestros hijos, y nuestras hijas vivas al río, al mar. Cuando ellos contestaban ‘no sabemos donde están’, el habeas corpus era negativo. Era mentira, ellos sabían dónde estaban y qué les estaban haciendo, sin embargo, ponían su firmita. Leopoldo Russo y Héctor Adamo en La Plata hicieron estragos. ¡Estragos! Y cuando un juez de La Plata quiso darnos una mano a las Madres, lo balearon. El juez Molteni fue el único que le dio pena vernos deambular. Cuando veníamos a Capital, donde había otro montón de atorrantes, sin vergüenzas, cómplices, asesinos -empezando por el juez Sarmiento- se burlaban. Nos decían: ¿De dónde sacó eso, Sra.? Y nos cobraban, una Madre pagó hasta 3 mil pesos en aquella época para dejar un habeas corpus. ¿Por qué nos tenemos que asustar ahora de lo que pasa con estos (jueces de la Corte Suprema de Justicia)? Estos son Caperucita Roja al lado de los otros, Caperucita Roja son. Permitieron, y acompañaron la tortura, la muerte, la desaparición de nuestros hijos, y nuestras hijas. Esos son los jueces que nadie ha denunciado nunca. Nosotras siempre les dijimos lo que teníamos que decirle. La primera vez que nosotras presentamos un habeas corpus nos pusimos muy mal porque no lo querían recibir y nos llevaron presas. No hubo un solo habeas corpus positivo, todos decían ‘no sabemos donde están’, ‘no hay campos de concentración’. Campos de concentración que los jueces visitaban, hasta ahí fue la complicidad. ¿De qué nos asustamos? ¿De qué Rosenkrantz diga que no tenemos derecho? Eso no es nada, nuestras hijas y nuestros hijos no tenían derecho a vivir. Y los torturaban adelante de ellos, y ellos aceptaban. ¿De qué estamos hablando? Para nosotros, para las familias fue tanta burla, porque cada vez que uno presentaba un habeas corpus era una esperanza. Porque, claro, nos habían dicho que servían para eso, para encontrarlos. Y ¿saben donde encontramos nosotros a nuestros hijos? En cada joven que lucha y que pelea todos los días. Los compañeros que nos acompañan siempre, los que vienen a la Plaza, los que están en los barrios, en ellos los encontramos, por eso nuestros hijos viven. No los dejamos morir, ellos nos dan fuerza para pensar, para hablar y para decir.
Ahora le voy a hablar un poco al presidente. Yo sé que no me escucha, pero alguien le pasa lo que digo. Sr. Presidente, usted demostró que es un gran cobarde, ayer cuando lo llamó el presidente de Estados Unidos, y le chumbó un poco fuerte, usted se achicó como pantalón ordinario. Usted dijo que no iba a ir, si no iban Nicaragua, Venezuela y Cuba, y va. Qué vergüenza. A mí no me importa lo que diga después. A mí me importan los hechos, lo que hace. Usted lo que está haciendo es traicionar a Cuba, Nicaragua, Venezuela, y también a México, que le había pedido que no vaya si estos compañeros no iban. Cada vez que habla me da más vergüenza escucharlo, cada vez se le cree menos. ¿De qué unidad me habla? ¿Con quién y para qué? ¿Qué es eso de decir que son ladrones de guante blanco? Son los chorros más sucios. Y ¿saben por qué roban? Porque hay tipos como usted: cobardes, que no se animan a decir lo que tiene que decir. Ahora se puso un poco serio con el Ministro de Economía, después que le dejó hacer todo lo que se le cantó, que nos puso la soga en el cogote, que ya no sabemos qué hacer para vivir, que no alcanza la plata, que lo que nos venden es una mierda, que el pan está hecho con la peor harina, y ¿con quién se reúne el presidente? Con los ricos. ¿Cuándo va a ir a un barrio? Tiene miedo, tiene miedo. El Evita no es un barrio. Vaya a los barrios, a ver a la gente que vive bajo dos chapas, que no tienen ni agua ni jabón. Ni hablemos de calefacción, y menos, comida. Me da mucha tristeza que usted haga campaña, Presidente. No le va a alcanzar todo el mundo para que le haga la campaña. Las campañas se hacen con fuerza, con entereza, defendiendo al pueblo, y diciendo la verdad, y usted cada vez nos miente más. Está tan lejos de lo que nos prometió el primer día, tan lejos que no lo vamos a alcanzar y nadie lo va a votar. Llámela a Cristina, y claro que la está llamando, . Llame a todos los que quiera llamar porque ahora los necesita, pero no van a ir con un tipo que miente tan descaradamente, no se puede estar. Las Madres siempre nos hemos basado en la verdad, y la verdad -alguien lo dijo- la verdad nos hará libres. Usted es un tipo preso ya.  

1. Nota: El habeas corpus obliga a que toda persona detenida sea presentada en un plazo preventivo determinado ante el juzgado pertinente, quien podría ordenar la libertad inmediata del detenido si no encontrara motivo suficiente de arresto

Berenice Iañez: “La madre de todas las batallas es la distribución de la riqueza”
Me toca en esta oportunidad dar testimonio de cuáles son las batallas y las luchas que damos en esta ciudad, que claramente es la más rica de nuestro país, donde mayor concentración de riqueza hay y, por lo tanto, la ciudad más desigual. Encontramos a los más ricos, y a los más pobres. Aquí es donde tenemos que dar la batalla fundamental en cuanto a la distribución de la riqueza para lograr la felicidad de nuestro pueblo. Esta es la madre de todas las batallas y es aquí donde la tenemos que dar y donde debemos darla con mayor tenacidad. En materia de vivienda, trabajo, de educación, de salud, la lógica es prácticamente la misma, es una lógica de mercado. Es un estado que no piensa en los intereses del pueblo, sino que está hecho para los dirigentes y de los amigos de quienes conducen el estado de la Ciudad de Buenos Aires. Es por eso que planteó Cristina,en su momento, ‘si queremos una ciudad cómoda para quienes la habitan o si pensamos o queremos una ciudad cómoda y a medida de quienes la gobiernan’. En vivienda tenemos una deuda con todas nuestras villas, donde todos los procesos de integración socio urbano todavía están pendientes, sobre todo los que tienen que contar con la participación activa de quienes allí viven, y deben tomar parte de las decisiones. Son los vecinos y vecinas de esos barrios los que tienen que definir los trazos generales, cómo deben ser los procesos de urbanización, porque no es metafórica la falta de cloacas, la falta de agua, ni la precariedad de los servicios de electricidad. Porque no es metafórico en la Ciudad de Buenos Aires el acceso a la vivienda digna. No hay viviendas dignas en nuestras villas de la Ciudad de Buenos Aires. En materia de trabajo se encuentra el mayor número de desocupación en la franja etaria de la juventud. Esto afecta a la zona sur donde se triplica el desempleo comparado con la zona norte. En educación siguen faltando los jardines maternales, que nos vienen prometiendo hace años, sigue habiendo pibes y pibas sin vacantes. Las viandas escolares, bueno, los pibes tienen que alimentarse con sanguchitos, con algo que se parece a una feta de jamón, con algo que se parece a una feta de queso, y con esas barritas de cereal que ayudan a que los chicos que tienen dientes de leche los cambien rápidamente porque son más duras que esta mesa. ¿Qué pasa con el tema de la salud? Seguimos planteando y reclamando hace más de 14 años un hospital para la Comuna 8, uno para la Villa 31. Y seguimos planteando una administración inteligente, adecuada, a los habitantes de la ciudad en cuento a la distribución de los Centros de Salud.  Esta es la ciudad que nos toca. Es una ciudad que hace años se viene gestando bajo un modelo individualista, meritocrático, y que pone en valor conceptos como el ‘sálvese quien pueda’. No debemos olvidarnos que de esta ciudad salió el expresidente que tomó una deuda enorme, bestial que aún hoy somete a nuestro pueblo y que lo hará por las próximas décadas.  Tenemos que trabajar y militar fuertemente para construir una ciudad para quienes la habiten y no para quienes la gobiernan. Una ciudad que, como dije cuando juré en esta Legislatura, reivindique a la Santa Federación y luche contra los salvajes unitarios.  Desde la firme convicción de que la madre de todas las batallas es la distribución de la riqueza en nuestro país, es que vamos a luchar contra todas las desigualdades que existen, y en favor de la felicidad de nuestro pueblo. No queremos ser premiados por el poder central, no queremos el compromiso con ellos. Nuestro compromiso es con nuestro pueblo.  Eso es lo que nunca se puede fracturar, quienes nos volvieron a elegir, como proyecto político para reconstruir una Argentina libre, justa, y soberano. Quienes llegamos a los distintos cargos políticos tenemos la obligación moral de legislar, gobernar en función de sus intereses. Tenemos que ser indisciplinados con los poderes fácticos, pero leales a nuestro pueblo. La política tiene que volver a ser la herramienta de transformación social. Como decía Néstor: ‘a lo único que le tenemos que tener miedo como dirigentes políticos es a la entrega, a una democracia domesticada, donde nuestro pueblo simplemente este como espectador’. Tenemos el desafío de que este gobierno y el que siga tenga características revolucionarias. Un gobierno que ponga en el centro de la escena la discusión por la distribución de la riqueza, acordándonos de los humildes y los desposeídos, con los que siempre seguimos manteniendo la misma deuda. Nuestra militancia es un legado, es el legado de los 30 mil compañeros desaparecidos, es el legado del sueño de la Patria Grande, del legado de Perón, de Eva, de las Madres. 
 
Demetrio Iramain sobre las declaraciones del juez de la Corte Carlos Rosenkrantz: “Al decir que nosotros no tenemos derecho a satisfacer las necesidades básicas, lo que están haciendo es anunciar que van a criminalizar a quienes luchen por satisfacerlas”
Ayer, a través de un medio alternativo de comunicación, se supo que el 26 de mayo en la Universidad de Chile, el vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, dictó una conferencia en la que se burló de todos nosotros, y nosotras. De miles y miles de trabajadores, y compañeros, que han luchado y se han formado durante décadas bajo una consigna: ‘detrás de cada necesidad hay un derecho’. Lo cierto es que el juez de la Corte dijo que no es verdad eso, que detrás de cada necesidad no hay un derecho, y que eso una falacia del populismo. Cuando ellos dicen populismo sabemos muy bien que se refieren al peronismo, ni eso tienen, ni siquiera son capaces de nombrarnos a nosotros, a las luchas populares de nuestro pueblo. Y lo cierto es que este jueves que dijo eso burlándose, provocándonos, dice esas cosas, porque cree que como es juez de la Corte no hay apelación posible a sus palabras, y lo cierto hay una instancia de apelación donde recurrir sobre estas cuestiones que dicen los jueces de la corte que son ni más ni menos que los fueros de la historia. Ahí el juez es el pueblo. Lo único bueno que tiene esta declaración es que nos exime de tener que explicar el condimento clasista, oligárquico, este sustrato ideológico que tienen muchos judiciales, ahora ya no hace falta que los expliquemos, tendremos que recurrir a lo que dijo Rosenkrantz para demostrar que lo que venimos diciendo hace muchos años sobre el comportamiento clasista del poder judicial es verdad, porque ellos mismos, a través de este miserable juez que está en la CSJ lo han reconocido. Simplemente, desearía yo como tantos, y tantas, que este juez sufra las mismas privaciones que los pobres, que tenga que pelear para que sus necesidades básicas insatisfechas sean, por lo menos, reconocidas como derecho, pero como sabemos que esto no va a pasar tenemos algo mejor para Rosenkrantz que es seguir luchando por esas necesidades básicas que no se cumplen, y que nosotros sí ansiamos que sí se cumplan algún día. Sigamos luchando para tener un salario digno, para tener una vivienda, para tener acceso a la salud, esas cosas tan básica que, sin embargo, tantos y tantas argentinas no pueden acceder, y algo más; seguir luchando para que no haya en la CSJ jueces como Rosenkrantz. Ese va a ser el mejor remedio para enfrentar estas declaraciones que no hacen más que violentarnos y amenazarnos, al decir que nosotros no tenemos derecho a satisfacer esas necesidades, lo que están haciendo es anunciar que van a criminalizar a quienes luchen por satisfacerlas. Seguiremos luchando, y podemos asegurar que esto no termina acá, esto termina en el juicio de la historia, donde, insistimos, el último juez, el que tiene la decisión final es el pueblo

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