Ante una Plaza colmada de historia y militancia, las Madres de Plaza de Mayo realizaron la Marcha N.º 2494, un nuevo jueves de ocupación política de la Plaza de Mayo que volvió a unir memoria, denuncia y organización popular. En la apertura, Demetrio Iramain recordó que se trató de “2494 jueves de presencia ininterrumpida en esta Plaza”, y antes de entrar en el tema central de la jornada realizó dos salutaciones que marcaron el tono del encuentro.

En primer lugar, envió un abrazo a “la familia y a todos los compañeros y compañeras trabajadores del Subte y el Premetro” por la muerte de Beto Pianelli, a quien definió como “dirigente sindical del nuevo sindicalismo, comprometido, valiente, compañero de sus compañeros, leal, apasionado y muy amigo de las Madres”. Iramain recordó que Pianelli había hablado en la Plaza en octubre, que había firmado convenios con la Universidad de las Madres y que “sabía por la situación que atravesamos y ahí estuvo”. Por eso sostuvo que, desde ahora, “el Beto Pianelli va a estar con nosotros también en esta Plaza cada jueves”.

Seguidamente, denunció las amenazas contra Claudia Cesaroni, atacada por trolls del gobierno libertario. “Fue amenazada cobardemente en redes sociales por el Gordo Dan y todo el aparato de trolls del gobierno por expresar lo que todos expresamos: estar en contra del punitivismo y del proyecto que quiere criminalizar a la infancia de los pobres”, afirmó. Y agregó: “Exigimos que estos hechos se esclarezcan y que los responsables, con nombre y apellido, sean sancionados judicialmente como corresponde”. En el mismo tono, remarcó que Cesaroni era docente de la Universidad de las Madres y “una compañera nuestra”, por lo que la amenaza se sentía como propia.

A partir de allí, Iramain desarrolló el eje político central de la Marcha: la relación entre el golpe de 1976 y el presente. “Veo con preocupación que hablamos de los 50 años del golpe sin relacionarlo con lo que ocurre hoy”, advirtió. Y recordó un dato clave: “El 66% de los desaparecidos eran trabajadores, sindicalistas, activistas gremiales. El gran objetivo del genocidio fue cambiar la matriz productiva de la Argentina y para eso había que aniquilar a la clase obrera organizada”. Desde esa perspectiva, sostuvo que el proyecto de ley de reforma laboral no era tal, sino “una reforma sindical”, cuyo objetivo era “destruir la organización de los trabajadores para poder entregar la riqueza del país a las potencias extranjeras”.

Más adelante, fue categórico: “Esto es el golpe por otros medios, es el genocidio por otros medios, y tenemos que pararlo”. Y convocó a movilizarse antes, durante y después de su tratamiento parlamentario: “Más que el 24 de marzo todavía, porque si no vinculamos lo que pasó con lo que pasa hoy, el objetivo del golpe se lleva adelante”. En ese punto, señaló que el verdadero problema del mercado de trabajo no eran los sindicatos, sino el salario: “El salario no alcanza para vivir con dignidad. Los trabajadores tienen dos o tres empleos cada vez más precarios para llegar, con suerte, al día 25”. Y contrastó con el escenario internacional: “En el mundo se discute bajar la jornada laboral; acá nos quieren hacer trabajar más horas y hasta sin franco. A eso le llaman modernización”.

Luego, Iramain apeló directamente a la tradición histórica de las Madres: “En los años 90 ellas decían que la falta de trabajo es un crimen. Hoy habría que decir que la falta de trabajo y de salario es un crimen”. Y agregó: “Esos crímenes tienen responsables con nombre y apellido: las patronales, las multinacionales, la embajada norteamericana y los medios que nos emboban con discusiones pelotudas y no hablan de lo que tenemos que hablar”. Por eso cerró con una definición fuerte: “Si la votan, la reforma laboral no va a pasar en las calles, ni en las fábricas, ni en los talleres. El pueblo es donde se define la historia”.

Acto seguido, tomó la palabra Florencia Lorenzo, referenta de la agrupación porteña Peronismo Solidario. “Para mí es un honor inmenso estar acá”, dijo, y aclaró que no hablaba en lo individual sino “en nombre de un montón de compañeros y compañeras”. En el mismo gesto, definió a las Madres como “un ejemplo de lucha, de perseverancia y de resistencia, que es lo que hoy es tan necesario”.

A continuación, contó el origen de su organización: “Arrancamos como un grupo que quería hacer alguna actividad solidaria, pero entendimos que si no lo enmarcábamos políticamente no tenía sentido”. Por eso, desde que asumió Milei, decidieron poner una olla popular en el corazón de Caballito. “No solo como algo social, sino como un hecho político para evidenciar el hambre y la situación de las personas en calle”, explicó. Y relató una escena que impactó a la Plaza: “Un muchacho me dijo que dudaba de si existía, porque saludaba a la gente y nadie le devolvía el saludo”.

En esa línea, Florencia explicó que la radio abierta de la olla permitía que quienes se sentían invisibles tomaran la palabra: “Charlamos de política con los que están a favor y con los que están en contra, para entender qué está necesitando el pueblo”. También contó que al principio recibieron insultos, amenazas y hostigamiento policial, pero que con el tiempo se instalaron en el barrio: “Hoy somos parte del folclore de Caballito. Vecinos y vecinas nos abrazan, se suman y se construye comunidad”.

Más adelante, remarcó que ya no solo iban personas en situación de calle, sino también jubiladas del barrio: “Vienen bien vestidas, pero no pueden sostener la vida cotidiana. Y en la fila se las respeta, se las cuida”. Y agregó: “Estamos demostrando que el que es pobre o peronista no es alguien a mirar mal”. Finalmente, dejó un mensaje político: “Hay un modelo que muestra Milei que no elegimos. Pero hay otra alternativa. Las Madres nos enseñan a no bajar los brazos. La lucha se da en la calle”. Y afirmó: “Creemos que hay una esperanza posible, que hoy encabeza Axel Kicillof”.

Para cerrar la jornada, habló Pina, Josefa Pina de Fiore, que nunca faltó a la Plaza. Con su voz cargada de historia, dijo: “Yo vi lo que pasó con mi hijo cuando lo llevaron a una fosa común. Eso no se lo deseo a nadie”. Y dejó un gesto de amor militante: “Les mando un beso como si fueran mis hijos. Los amo mucho”, cerró Pina.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *