
Este 1° de enero de 2026, las Madres de Plaza de Mayo realizaron la Marcha de los Jueves N° 2490 en la Plaza de Mayo. En el primer día del año, lejos de cualquier pausa, la Plaza volvió a ser espacio de memoria, denuncia y militancia. Acompañaron a las Madres Manuel Marín, del área de prensa de la Asociación, junto a Irina Jara y Manuel Rosales, militantes de Villa Soldati.
En el comienzo tomó la palabra Marín y, a partir de allí, la Marcha se desplegó como un llamado político a organizarse, a poner lo colectivo por encima del individualismo y a arrancar el año marchando junto a las Madres.

En primer lugar, Manuel Marín celebró el hecho de empezar el año en la Plaza y destacó la dimensión simbólica de la jornada: “qué privilegio, qué felicidad arrancar el año marchando con las Madres”. En el mismo tono, recordó que 2026 estaría atravesado por fechas centrales para la historia del movimiento de derechos humanos y del país: “este año vamos a cumplir los 49 años de lucha de las Madres” y señaló que el 30 de abril esa conmemoración caería jueves, otra vez en la Plaza.
Más adelante, anticipó que el 24 de marzo volvería a encontrarlos allí “marchando por los 50 años del golpe de Estado”. En un repaso del presente, Marín denunció el ajuste y los recortes aplicados desde el primer día del año, mencionó el golpe a la educación y cuestionó el presupuesto aprobado a espaldas del pueblo.

Sin embargo, aclaró que este 1° de enero quería plantear algo más que denuncias: “este tiene que ser nuestro año, compañeros, este tiene que ser el año de la militancia”. Frente a los discursos que naturalizan ciclos políticos, sostuvo que “no vuelve un gobierno popular por magia” y recordó una definición que atravesó su intervención: “siempre que nos levantamos, nos levantamos en colectivo, organizados”.
En ese sentido, llamó a romper con el individualismo y afirmó que “lo popular no va a volver solo, lo tenemos que ir a buscar nosotros”, sin esperar salvadores ni salvadoras. También remarcó que el año siguiente debía encontrarlos peleando “por los jubilados, por los enfermos, por los excluidos y por los presos políticos”, y mencionó a Julio De Vido, a Cristina Fernández de Kirchner, a Milagro Sala y a quienes permanecían encarcelados sin visibilidad.

Antes de cerrar, desarmó la idea de que la juventud estuviera perdida para la derecha y destacó la presencia constante de pibes y pibas en la Casa de las Madres, agradeciendo a quienes hicieron posible que un primero de enero la Marcha estuviera nuevamente en la Plaza.
En ese sentiudo, fue el turno de Manuel Rosales, militante de Villa Soldati, quien comenzó agradeciendo a las Madres “por el legado que nos dejan” y por la invitación a tomar la palabra. Señaló que estar allí un primero de enero también era una muestra de esperanza, después de “dos años muy feos, dos años de represión y de ajuste”.

En ese marco, planteó la necesidad de hacer autocrítica y asumir responsabilidades políticas. Con apenas 19 años, contó la historia de su familia atravesada por la dictadura: recordó a su tío abuelo, “desaparecido a los 18 años por organizar a sus compañeros en la secundaria”, y explicó que esa marca seguía presente en su militancia cotidiana.
Más adelante, cuestionó con claridad el discurso que responsabiliza a la juventud por el triunfo de la derecha: “a Milei no lo votaron solo los jóvenes, lo votaron todos”, dijo, y agregó que la tarea ahora era “ir a buscarlos”. En una definición que resonó en la Plaza, afirmó que “la juventud no es responsable de que Milei sea presidente, pero va a ser responsable de sacarlo de ahí”.

En el mismo sentido, reivindicó la organización territorial y relató el trabajo que realizaban todos los sábados en el barrio La Veredita, en Soldati, donde un grupo de jóvenes se acercaba a hacer apoyo escolar y acompañar a vecinos y niños en un contexto de abandono estatal.
Para Rosales, la salida no estaba en pensar solo en elecciones, sino en “volver a construir un movimiento”, recuperar el territorio, el puerta a puerta y el vínculo directo con los vecinos, sin perder de vista la importancia de la educación, la universidad pública y el pensamiento crítico.

A continuación habló Irina Jara, militante de Soldati, quien inició su intervención reclamando justicia por Juan Gabriel González, asesinado por la policía en Navidad. Señaló que seis efectivos no pudieron detenerlo y decidieron matarlo, y pidió que ese crimen no quedara impune.
En relación al debate sobre la juventud, retomó una experiencia similar a la que había contado Rosales y cuestionó el relato que intenta responsabilizar a los pibes por el avance de la derecha. Contó que, además de militar en el barrio, habían armado una radio junto a jóvenes de entre 15 y 20 años, un espacio desde donde se informaban y comunicaban entre pares. “Cuando tengan dudas de si la juventud está muerta o está con Milei, vengan a San Juan y Funes”, afirmó, y explicó que allí estaban organizándose, “rompiendo las bolas”, para intentar construir un país mejor.

Irina sostuvo que la militancia nacía de una angustia compartida frente a un país que lastimaba a los viejos, a los amigos y a los vecinos, y que organizarse era la forma de responder a eso con las herramientas disponibles. En el cierre, remarcó que la juventud tenía la tarea de proyectar el país que quería, pero subrayó que ese camino debía estar siempre atravesado por la memoria y por el vínculo con las Madres y su historia.
Por último tomó la palabra Carmen Arias, quien agradeció a todas y todos los que acompañaron la Marcha en un día que suele pensarse para estar en familia, y sostuvo que también allí, en la Plaza, se estaba en familia.

Reconoció el trabajo cotidiano de quienes sostenían la Casa de las Madres, desde seguridad hasta prensa y mantenimiento, y envió un abrazo a quienes no pudieron estar presentes. En un pasaje central, pidió fuerza y acompañamiento para Cristina Fernández de Kirchner, deseando su recuperación y su libertad. Mirando hacia el año que comenzaba, Carmen retomó lo planteado por los jóvenes y fue contundente: “tenemos que luchar nosotros para que esta gente se vaya”. Llamó a no aflojar, a salir a la calle cada vez que fuera necesario y a recuperar la iniciativa popular, recordando que “el pueblo es el que tiene la fuerza para sacar a esta gente del gobierno”.
Antes de despedirse, dejó una consigna que volvió a cerrar la Marcha, como tantas otras veces: “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Con esa definición, las Madres se despidieron hasta el jueves siguiente, reafirmando que, incluso en el primer día del año, la Plaza siguió siendo territorio de memoria, organización y lucha.

