
En una tarde calurosa de diciembre que adelantó el verano, las Madres de Plaza de Mayo llevaron adelante la Marcha de los Jueves N° 2487, acompañadas por la militancia, por Demetrio Iramain, y los invitados de la Marcha: José Schulman, Vladimir Ochoa, Gustavo Gallardo y Mari Soto, integrantes de la Coordinadora Americana por los Derechos de los Pueblos y Víctimas de la Prisión Política, que desarrolló este mismo jueves en la Casa de las Madres su Foro Regional por la libertad de todas y todos los presos políticos. En el cierre, hablaron Carmen Arias y Josena “Pina” de Fiore, reafirmando una vez más que la lucha de las Madres sigue viva por más que a Milei y a su junta les moleste.
Como siempre, Demetrio Iramain tomó la palabra, saludó a toda la militanca y comenzó recordando el acto por el Día de los Derechos Humanos que se realizó este miércoles en la Legislatura bonaerense, donde Carmen volvió a acompañar al gobernador Axel Kicillof. En ese marco, habló de la historia, la coherencia y la lucha de las Madres, que desde hace casi 49 años marchan todos los jueves, sin importar el clima, los feriados ni los intentos de disciplinamiento.
Con el mismo ímpetu, Demetrio remarcó que la Marcha N° 2487 volvía a demostrar la “ocupación política” que las Madres sostienen sin interrupción desde 1977. Recordó que incluso este diciembre, con fechas como Navidad y Año Nuevo cayendo jueves, las Madres seguirían estando allí, porque “los derechos humanos se defienden todos los días, en la plaza y con lucha política”.

En el mismo tono, Iramain retomó los 40 años de la sentencia del Juicio a las Juntas, evocando que las Madres habían sido profundamente críticas de ese proceso desde el primer momento. Subrayó que aquel juicio no alcanzó al conjunto de la estructura genocida y que incluso entre los nueve comandantes juzgados hubo absoluciones gravísimas. Recordó también el episodio en el que Hebe de Bonafini fue obligada por el tribunal a quitarse el pañuelo, símbolo al que Videla y sus cómplices temían más que a cualquier condena judicial.
Más adelante, Demetrio explicó que esa sentencia parcial había llevado a las Madres a sostener la necesidad de una sanción política del genocidio, no solo penal, porque los tribunales jamás juzgaron el objetivo real de la dictadura: destruir el proyecto revolucionario de sus hijas e hijos. Mencionó cómo las Madres impulsaron los juicios éticos y políticos contra Martínez de Hoz, el Grupo Clarín, Papel Prensa y los jueces cómplices que Alfonsín mantuvo en sus cargos.
Con ese marco, señaló que la tarea de sostener esa línea histórica recaía cada vez más en el pueblo, porque “ya no tenemos a Hebe, pero nos tenemos entre nosotros”, y porque el día que no queden Madres la responsabilidad será continuar su lucha sin copiar literalmente, pero sí comprendiendo el sentido profundo de lo que dejaron. En ese camino, denunció la intervención criminal del gobierno de Javier Milei contra la Universidad de las Madres y llamó a defender la AM 530, cuya identidad —remarcó— debía seguir honrando la tradición revolucionaria de los hijos de las Madres.

Finalmente, recordó una consigna de 1996 que volvía a cobrar fuerza hoy: “La sangre de los desaparecidos será vengada el día que nuestro pueblo sea feliz”. Y citó a Hebe para marcar el horizonte: “Entre ver a un milico preso y ver a un niño feliz, elegimos ver al niño feliz, porque esa será la verdadera cárcel para el sistema que los mandó”.
En el mismo tono, José Schulman, en representación de la Coordinadora Americana por los Derechos de los Pueblos y Víctimas de la Prisión Política, sostuvo que a 50 años del golpe cívico-militar “el golpe seguía impune”, porque nunca se había llevado al banquillo de los acusados al verdadero responsable del proyecto genocida: el imperialismo norteamericano, que inspiró, avaló y se enriqueció con la dictadura.
Además, señaló que hoy, dos siglos después, Estados Unidos volvió a sacar del cajón la Doctrina Monroe para apuntar sus cañones contra los procesos revolucionarios del continente, destacando la resistencia de Cuba y Venezuela como vanguardias de esa disputa estratégica. Con ese marco continental, afirmó que la pelea contra el imperio se expresa tanto en “los fusiles del Ejército Bolivariano” como en “los puños cerrados de cada preso y presa política del continente”.

Más adelante, Schulman recordó una enseñanza de nuesta compañera eterna Hebe, que había vuelto a escuchar durante la celebración de su cumpleaños: que las Madres “nacieron cuando dejaron de luchar por cada uno de sus hijos para empezar a luchar por todos”. Remarcó que no existía lucha verdadera por los derechos humanos que no incluyera la libertad de todas y todos los presos políticos, y celebró que el Foro Regional que funciona en la Casa de las Madres continuara impulsando campañas, articulaciones y abrazos solidarios en defensa de esa causa.
Luego, presentó a quienes tomaron la palabra. Primero, la compañera Mari Soto, poeta peruana y militante histórica, compañera de Víctor Polay Campos, líder y fundador del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), detenido desde hace 35 años en la Base Naval del Callao. Luego intervino Gustavo Gallardo, abogado colombiano y miembro de la defensa del comandante Jesús Santrich, asesinado por el Ejército colombiano en el marco de la persecución política. Finalmente, habló Vladimir Ochoa, abogado boliviano e integrante del equipo jurídico que respalda al expresidente Evo Morales, aportando una mirada jurídica sobre la persecución judicial y los montajes que aún pesan sobre los procesos populares de la región.
Luego tomó la palabra la poeta peruana y militante histórica Mari Soto, que transmitió el saludo revolucionario de las presas y los presos políticos del Perú a «esta plaza que simboliza la resistencia continental». Recordó el año 1997, cuando Hebe, junto a otra Madre, viajó a Lima para acompañar a familiares de presos políticos durante la toma de la embajada de Japón. Señaló que gracias a la presencia y la protección de nuestra eterna compañera, la policía peruana no golpeó ni arrastró a quienes reclamaban por sus seres queridos, un gesto que definió como un “abrazo revolucionario” que el pueblo peruano jamás olvidó.

En el mismo tono, Mari explicó que hablaba en nombre de las y los presos políticos de su país y, particularmente, por su compañero, detenido desde hace 35 años en la Base Naval del Callao, convirtiéndose en el preso político más antiguo de América Latina. Subrayó que el próximo 3 de enero él debía cumplir la condena, pero denunció que el “gobierno genocida y fascista” del Perú planeaba mantenerlo cautivo mediante causas inventadas, en un contexto donde —advirtió— “no existe seguridad jurídica alguna”.
Más adelante, llamó a fortalecer la unidad continental para enfrentar esa injusticia y exigió la libertad inmediata de su compañero y de todas y todos los presos políticos peruanos. Cerró agradeciendo la solidaridad del pueblo argentino y la presencia de las Madres, que —dijo— “siguen iluminando con su ejemplo cada lucha de nuestra América”.
Con la misma fuerza, el abogado colombiano Gustavo Gallardo, integrante de la defensa del comandante Jesús Santrich —asesinado por el Ejército colombiano— agradeció a las Madres por su ejemplo y remarcó que su lucha no inspiraba solo a la Argentina, sino a toda América Latina y al mundo. Destacó que la resistencia de las Madres nunca se construyó desde la victimización, sino desde la dignidad y la defensa de la libertad de los pueblos, un camino imprescindible en tiempos de retrocesos y persecución.

Gallardo describió la situación de Colombia, donde la llamada “pseudodemocracia” dejó un largo rastro de desapariciones forzadas, desplazamientos, prisión política y saqueo de las riquezas naturales. Aun así —señaló— los pueblos seguían resistiendo día a día, tomando como referencia el ejemplo histórico y combativo de las Madres. Desde esa perspectiva, remarcó la necesidad de que América Latina, el Caribe y todos los pueblos del mundo construyeran unidos la convicción de que “un mundo nuevo sí era posible”.
Además, explicó que había viajado 8.000 kilómetros para traer la voz de quienes no podían estar presentes: las presas y los presos políticos de Colombia. En su nombre, pidió un aplauso y reafirmó el reclamo de libertad para todas y todos los encarcelados por luchar. Cerró su intervención expresando también su apoyo a la causa palestina y exigiendo Palestina libre, como parte inseparable de la lucha internacionalista contra la opresión.
Continuó el abogado boliviano Vladimir Ochoa, integrante del equipo jurídico que respalda al expresidente Evo Morales, expresó su alegría por volver a pisar “la tierra revolucionaria” de la Argentina, a la que definió como un faro político que desde los años 70 nunca dejó de practicar la solidaridad internacionalista. Señaló que resultaba conmovedor ver unidos a bolivianos, argentinos, peruanos y chilenos bajo un mismo grito: que caiga el imperialismo yanqui.

Recordó el golpe de Estado de 2019 en Bolivia y las dos masacres que lo acompañaron, señalando que la intención de destruir al pueblo trabajador organizado no había venido solo desde afuera, sino también a través del oportunismo interno. Ese proceso dejó más de 390 presos políticos y obligó a Evo Morales a resistir desde el Chapare, sosteniendo —dijo— una lucha estratégica por la democracia popular. Ochoa explicó que, según la lectura del movimiento indígena, campesino y popular, las elecciones de 2025 abrirían un nuevo ciclo político denominado “la resistencia popular”, basado en cinco puntos centrales: la defensa de la vida y la libertad de Evo Morales, la defensa del Estado Plurinacional, la lucha antiimperialista, la protección de los recursos naturales y la libertad de todas y todos los presos políticos.
Para sorpresa de muchos, denunció que al pueblo boliviano aún se lo acusaba de “terrorista”, tal como se había hecho hace 50 años con quienes soñaban un futuro diferente. Frente a ese intento de criminalización, afirmó que si luchar por pan, salud y educación era terrorismo, entonces asumiría “con orgullo” ser parte de esa América Latina rebelde que no renunciaba a construir un porvenir justo para todos.
Finalmente, Ochoa dedicó un mensaje directo a las Madres. Reconoció a las 30.000 compañeras y compañeros desaparecidos, y sostuvo que sus causas habían vuelto multiplicadas en millones de hijos e hijas del continente que seguían luchando. Cerró advirtiendo a los gobiernos antipopulares y prooligárquicos que podían tener el poder del Estado, pero nunca el poder popular, y proclamó que América Latina volvería a vencer “ayer, hoy y mañana”. Concluyó con un saludo desde Bolivia y un grito repetido por toda la plaza: “Colonia no, patria sí”.

Para cerrar la marcha tomó la palabra Carmen Arias, que compartió primero una noticia luminosa en medio del panorama oscuro que atraviesa el país. Contó que el día anterior había estado en La Plata, acompañando a Axel Kicillof en la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos, un acto que —dijo— siempre la reconfortaba por el trato cálido del gobernador hacia las Madres. Ese gesto la había aflojado un poco frente al clima social que se vive, donde ya ni comprendía cómo seguir explicando la urgencia de terminar con este gobierno.
En el mismo tono, describió sin rodeos la crudeza de la situación económica y social. Señaló que las jubilaciones no alcanzaban para comer, que los sectores más pobres sufrían una miseria creciente y que la salud pública prácticamente había sido desmantelada. A ese panorama le sumó el papelón internacional de Javier Milei en Oslo, donde ni siquiera presenció el momento central de la entrega del premio a Corina Machado, acto que terminó recibiendo su hija. Criticó además que el Presidente hablara en inglés en vez de utilizar su lengua y un traductor, y remarcó el costo del viaje, financiado con recursos públicos, mientras millones padecen el ajuste en carne propia.
En otro fragmento, Carmen cuestionó que Milei regresara al país únicamente para firmar una reforma laboral perjudicial para los trabajadores, reafirmando que el gobierno avanza con una crueldad evidente contra los sectores más vulnerables. Frente a esa realidad, Carmen afirmó que el pueblo debía encontrar la manera de poner fin a este experimento político, porque —enfatizó— nadie podía resistir hasta 2027 en estas condiciones.

Finalmente, agradeció la presencia de las delegaciones latinoamericanas, de los jóvenes de La Chilinga que tocaron los bombos durante toda la jornada y de todos quienes acompañan cada jueves a las Madres. Sostuvo que, por más que a Milei y su junta les molestara, las Madres seguirían luchando mientras el cuerpo aguantara, y que luego sería el pueblo quien continuaría esa pelea histórica. Cerró con un grito que hizo vibrar toda la Plaza:
“¡Viva Hebe! ¡Fuera Milei! ¡Cristina libre!”

